Toros para niños : émergence d’un nouveau dispositif

  Alors que la tauromachie vient d’être prohibée en Catalogne et que le G10 affronte les représentants des empresas taurines françaises pour le bien de la fiesta (sic), des aficionados mettent en place de nouveaux dispositifs dont la vocation, cette fois-ci sincère, est de transmettre les valeurs de la tauromachie. Le collectif Cultoro, à travers le site internet http://cultoro.com/ démontre chaque jour que la tauromachie est culture et que du croisement des arts peuvent surgir des dispositifs innovants efficaces.

Ces créations sont touchantes, en premier lieu, parce qu’elles naissent d’une passion saine et humble. Elles le sont d’autant plus qu’elles nourrissent le dynamisme de valorisation de la culture tauromachique qui a vu le jour à la fin du XX ème siècle et ce, de manière intelligente.

Toros para niños propose plusieurs activités destinées à un jeune public. Elles ont pour but de faire découvrir le monde des taureaux et celui de la tauromachie à  travers l’exploration de concepts clés. À travers des programmes interactifs, les enfants sont amenés à découvrir l’univers du campo, la vie du taureau brave (sa mort est cachée) et celle du cheval. Des dispositifs de coloriage et de découpage permettent d’édifier, matière en main, des arènes et des masques. Au contact avec cette matière qu’il façonne, l’enfant découvre et imprime ces images du monde du taureau.

Cette magnifique aventure peut être explorée dans la rubrique Toros para niños du site. Prochainement, nous aurons l’occasion de connaître de nouveaux dispositifs, tout aussi innovants que celui-ci.

Les soupirs du masque.

Extrait du reportage publié dans les Cuadernos de tauromaquia, en Septembre 2011. 

El precioso y renovado castillo de Roquefort de Landes, emblemático pueblo del sur oeste de Francia, famoso por las imponentes novilladas sin picadores que se organizan en la plaza del toros de la localidad, reposa tranquilamente bajo un manto nuboso que pesa sobre el región estos días. Espero con paciencia en un oscurro e íntimo salón situado en la planta baja del edificio, en las entrañas de piedras del castillo. Las paredes arboran unas máscaras africanas, secas y negras. De los huecos destinados a acoger los ojos, sale un misterioso eco, a la ver mortal y vivo. La boca seca de la máscara parece querer contar lo que la muerte fijó para siempre en sus labios. Sentado en el sofá, Sebastián desayuna serena y tranquilamente.

Si hoy ha alcanzado la cumbre del toreo moderno, prueba de ello la faena realizada en Nîmes durante la última feria de Pentecostés, Sebastián no se olvida que, durante la segunda mitad del siglo pasado, unos chavales intentaron ser torero. Su padre, André Castella, quiso ser torero y frecuentó los toreros a los que citamos en la primera parte.

Sebastián recuerda cómo su padre conoció al que fuera su primer apoderado. Un día en que hacía mucho frío, André pasa por las orillas del Aude, un río que pasa por ciudad de Béziers, al salir de su ganadería de toros camargueses. Y, por casualidad, ve a un hombre que salta al río para socorrer a un becerro. Sin pensarlo mucho, André sale de su coche y saca un capote de brega que llevaba en el maletero, prueba de la inmensa afición del padre del torero, para que no se resfríe el señor que había saltado. Sin saberlo, un hombre que había soñado con ser torero, el propio André, había conocido a un joven empresario taurino y nuevo ganadero, que más tarde fuera el apoderado de su hijo : Robert Margé.

Relata Sebastián : « Mi afición viene de mi padre. Ha sido novillero sin picadores y ha toreado con Nimeño II, con El Andaluz, con Chinito y con todos los toreros de aquella época. Toreó unas tres o cuatro novilladas sin caballos y luego dejó de torear para trabajar en la ganadería de toros y de caballos camargueses que tuvieron mis padres.

Recuerdo que de niño, mi padre me llevaba a las corridas de toros que se organizaban en Beziers para el 15 de agosto. En esa fecha tradicional, se lidiaban (y se siguen lidiando) toros de Miura. De hecho, como tenía mi padre mucha afición, me llevaba a esa corrida. Recuerdo ver, desde las últimas filas del tendido, a « Nimeño II », a Victor Mendes y a Richard Milian. En aquella época, no quería ser torero, todavía no entraba en el patio de cuadrillas. Sólo veía el espectáculo desde las últimas filas y me procuraba mucha emoción. A la vez sentía mucho miedo y me impactaban el público, el olé, las luces, ver a tanta gente esperando la corrida delante de la plaza de toros, ver a mi padre saludar a mucha gente. No entendía lo que ocurría pero era algo que me gustaba. »

Los ojos de un niño iban descrubiendo poco a poco un mundo de colores y de sensaciones, un mundo de sentimientos y de emociones, un mundo tan luminoso como oscuro. Sebastián Castella conoció a esos toreros franceses que, décadas antes de que él empezara su carrera, intentaron abrirse paso en el universo tan hermético del toro, universo al que nos hemos acercado en la primera parte del reportaje a través la literatura taurina francesa.

Por esos ojos de niño, sin embargo, fluían emociones tan contradictorias como únicas. Emociones que hoy en día van marcando la sensiblidad de un artista que el mundo entero admira. « Esas corrida del 15 de Agosto, me parecían ser un espectáculo romano, en el que se mezclaban el miedo, la muerte, pero con el arte añadido. Cierto es que no sé si había belleza en la época de los romanos pero sí sentía ese aspecto en las corridas de toros. – Sólo faltaba a César – añade con una punta de humor – que valorase la faena con su pulgar.»

Al principio, sus padres no se lo tomaron en serio, como suele ser el caso en todas las familias en las que nacen los toreros. Pero Sebastián estaba convencido de que este iba a ser su destino, y que iba a hacer algo importante en el mundo de los toros. Cuando quiso ser torero, era el único joven de la ciudad en querer serlo, a excepción de otro chaval. Era, por así decir, totalmente utópico intentar ser torero en tales condiciones. « A pesar de que yo era quizás un caso aparte en Béziers al querer ser torero, sabía con absoluta certeza que iba a hacer algo importante en esto. No sabría decirte por qué. Quizás haya habido algo que hizo que así fuera  pero estaba convencido de ello. Mozart o Picasso no dijeron que iban a ser lo que fueron, pero imagino que en su interior sabían que ibana ser gente importante y que su obra iba a ser tan importante como ellos. Pues, por mi afición y por mi ambición, sabía que quería hacer algo relevante en el mundo de los toros. Si tienes una mentalidad de vencedor, quizás en tu vida hagas una sola cosa, pero la harás para ser el mejor. Siempre ha sido así desde mi niñez, para lo bueno y para lo malo (risas). En toda mi trayectora, no dudé nunca, excepto una vez cuando estaba pasando por un momento muy complicado y me aparté unos meses de los ruedos a finales de la temporada. Pero, excepto en este momento, no dudé nunca en que iba a lograr alcanzar la meta que me había fijado. »

Sentado en el sofá de cuero negro, en las cuevas del castillo, Sebastián empieza a quitar la máscara que lo protege, da vida a los labios negros y secos de la máscara africana negra colgada a la pared, como si del beso de la muerte surgiera vida, como si el agua volviera a nutrir una fuente seca. Hablar de su pasado parece ser un ejercicio similar : darle vida a un pozo seco, volver a darle coolor a un postal antiguo.

Los primeros compases de la vida de Sebastán están cristalizados en un momento en el que se detiene el torero de Béziers. Entrar o no en los detalles de su infancia tiene, al fin y al cabo, poca importancia puesto que, lo que nos cuenta Sebastián hace resaltar las causas de un trauma del que se nutrirá y se construirá en el futuro.

« Siempre he sido un chico solitario, y siempre me ha gustado la soledad. Por circunstancias de la vida, llegué a la escuela secundaria con dos años de retraso, uno por repetir un curso, y otro por que caí enfermo durante un año entero. Sólo hablaba con las chicas, porque eran más maduras que los chicos, o estaba solo. Al principio, esa soledad en la escuela me costaba y quizás por estos momentos difíciles tardé en madurar como persona. »

Sebastián vivió un desgarro muy profundo con la sociedad con la que hubiese tenido que compartir momentos, risas y diversiones. Al emprender esa ruta solitaria que lo iba a llevar hasta la cima del toreo, inconscientemente Sebastián decide franquear la frontera que separaba al niño que admiraba a los toreros desde las últimas filas de los tendidos de la plaza de toros de Béziers, esos 15 de Agosto que recordaba. Sin saberlo, se introducía en un mundo que, para ser coherente, necesita hallarse fuera del alcance del pueblo, del espectador. Punto de ruptura con los demás, ruptura con la sociedad, el momento que Sebastián describe corresponde a un punto inflexión en la construcción  del artista que es. Consciente de la necesidad de marcar y de respetar una distancia entre receptor y artista, Sebastián relata ese momento tan importante de su vida. « No me encontraba a gusto en la escuela. De hecho, me acercaba a la ganadería de mis padres, en la que me iba a pasear solo con un caballo, o bien caminaba andando solo. Si por un lado la soledad se imponía por sí misma a mi vida, me acabó gustando. De hecho, siempre me gusta estar solo antes de torear, para pensar aunque a veces sea malo porque uno piensa en cosas desagradables. Me nutro de aquella soledad y de los pensamientos que con ella surgen. »

Pronto, Sebastián cautiva la atención de robert Margé, que frecuentaba la escuela taurina de Béziers y que lo lleverá al principio de su carrera hasta ponerle en las manos de José Antonio Campuzano. Comienza una nueva etapa, lejos de Béziers, lejos de su familia, lejos de una juventud común, lejos de unos recuerdos difíciles. « Robert Margé propuso ponerme en las manos de un profesional español para que me puliera. Y así llegué a Sevilla. Cierto es que había estado en Sevilla algunas veces antes cuando Robert me había dejado su piso para que fuera a tentar. Cuando llegué a Sevilla, pasé una semana en un hotel. Cada día me recogía el maestro José Antonio Campuzano e íbamos a entrenar con mucha intensidad todo el día. Al cabo de una semana me acogió con su familia en su casa, como si fuera yo un miembro más de ella. Con ellos viví dos años y José Antonio me acompañó durante gran parte de mi carrera. »

Junto con el maestro Campuzano se formó Sebastián, siendo el viaje a Sevilla el primero de un duro y largo proceso de formación, mimado en la oscuridad, en la intimidad. Se sabe poco, hasta ahora, de ese tenso proceso formativo por el que tuvo que pasar el diestro francés. Abriendo los labios, Sebastián  nos abre la puerta sobre un pasado escondido. Mirando por el hueco que nos deja abierto, se puede entender de donde provienen las características que conforman hoy en día su personalidad torera. De hecho, el toreo de las figuras que han marcado la historia de la tauromaquia han basado su toreo en un concepto que podríamos denominar de exageraciones controladas, si tomamos en consideración que, excepto los toreros que siguen las líneas clásicas, los que han conseguido diferenciarse de los demás han sido los que tuvieron ese algo más, ese detalle que los demás no tenían, o no controlaban con tal sutileza. En el caso de Sebastián, sobresale su delicadeza y la dulzura del trazo del muletazo y del trato reservado al toro, dulzura que convoca a la hora de conjugar sus sentimientos con la embestidas del toro. Explica el torero que « es cierto que llevo cultivando desde muy joven las características que hoy conforman mi toreo. Puede ser que mi fragilidad haya seducido, al principio, al público. Pero esa fragilidad se veía compensada con el valor que siempre he puesto en mi toreo. Me jugué la vida desde el principio. Ese contraste, quizás me haya ayudado mucho. Mi fragilidad me ha servido mucho, porque tenía yo que sacar de mí mismo lo más profundo. Siempre cuando se tiene una debilidad, cuando uno es ciego por ejemplo, hau que desarrollar otros sentidos para compensar esa falta, hasta que se haya convertida la misma carencia en un punto de fuerza, que cualquiera no tendría. »

Julien Aubert

De la scène tauromachique à la scène théâtrale

De nombreuses pièces dramatiques ont vu le jour au cours du XX ème siècle, portant sur le monde des taureaux. Le torero Ignacio Sanchez Mejias, dont nous avons parlé il y a quelques jours, était dramaturge. Il écrivit quatre pièces de théâtre surprenantes et différentes les unes des autres. La première introduit la psychanalyse dans le théâtre espagnol, la seconde intitulée Zaya porte sur le monde des taureaux, la troisième nous introduit dans un univers bourgeois anglais (!) et, pour terminer, la dernière reste inachevée. Vous l’aurez compris, Ignacio Sanchez Mejias nous servira de référent culturel, guidant de la sorte nos aventures en terres de bravoure et de temple. Se trouvant à un splendide carrefour culturel, le torero sévillan représente pour nous une superbe possibilité d’approche de la tauromachie à travers divers axes tels que la littérature, les arts picturaux, les arts scéniques etc…

L’une des quatre pièces dramatiques écrites par Sanchez Mejias, Zaya présente un profond caractère autobiographique. A diverses reprises le monde des taureaux avait été transposé sur les planches d’un théâtre mais il semble que dans cette œuvre, quelque chose vienne interpeler le spectateur (ou le lecteur qui, finalement, n’est autre qu’un spectateur d’une réalisation imaginaire, édifiée à partir des éléments donnés par le dramaturge).

Ignacio Sanchez Mejias parvient à transposer parfaitement les dispositifs de la mort dans son œuvre, cette mort incontrôlable, ingérable et imprévisible, constamment présente lors du combat taurin. Dans notre précédent article intitulé, Ce réel qui menace, nous avions vu que l’œuvre d’art intrigue et captive par ce qu’elle a d’incompréhensible, de poignant et d’innaccessible. C’est certainement ce qu’il y a de plus ingérable et de plus difficile à transposer sur scène, scène qui elle même est un espace ingérable bien que nous désirions le capturer, le dominer et disposer en lui tous les éléments qui le composent. Ce réel qui menace, menace encore de mettre en péril
La tauromachie dépend désormais de l’Institut des Arts Scéniques du Ministère de la Culture en Espagne. Ceci est sans aucun doute, un acte symbolique de grande importance quant à la lecture que l’on pourra en faire. Mundotoro l’a annoncé il y a quelques mois : Si l’accord est signé, un grand pas en avant sera alors réalisé et une analyse nécessaire vous sera proposée sur ces pages.l’œuvre d’art et de faire s’écrouler son fonctionnement.

Images : Représentation du Llanto por Ignacio Sanchez Mejias, par la compagnie Octubre Teatral Peinture de Luis Lopez, « A las cinco de la tarde ».

Sébastien Castella, ou la consécration du voyage français

Après avoir passé plusieurs mois à organiser cette rencontre, voilà le reportage dans les kiosques espagnols. Plus de vingt pages retracent la rencontre que Sébastien m’a accordée. Plus de trois heures de discussion, de souvenirs heureux et douloureux évoqués.

A travers le concept de voyage comme processus formateur, nous analysons le parcours des toreros français en Espagne et l’avènement de Sébastien Castella. Ce dernier nous raconte des aventures mexicaines insolites, son rapport avec la culture Maya, sa conception de la tauromachie ainsi que ses divergences avec le G 10.

A découvrir dans les Cuadernos de tauromaquia.

Murube

Entre Las Cabezas de San Juan et Villamartin, une route épouse avec sensualité les flancs des collines desséchées par le soleil de plomb qui a pesé tout au long de l’été. Aucune voiture à l’horizon. Aucune maison. Un semblant de désert. Au bout de vingt kilomètres, une venta.

Je sors de la voiture, commande un soda. Les dominos claquent sur la table en plastique accolée à la porte d’entrée. Trois hommes passent l’après-midi, ils donnent vie aux heures mortes en martelant de leurs dominos la table et le silence. Ici, il n’y a rien. Il n’y a pas d’horloge. Il n’y a pas d’habitants. Il n’y a pas de temps. Loin de Séville, et proche à la fois, cette région semble perdue au milieu d’un océan de sécheresse. La venta repose au creux d’une vague de terre ocre tel un poisson échoué dans le ventre d’une dune.
Ici, la vie reprend chaque midi, lorsque l’on allume le groupe électrogène qui fourni le bâtiment en électricité. En face, à moins de cinquante mètres, un grand portail s’élève. Il donne accès au majestueux Cortijo Soto Real. 5000 hectares aménagés pour accueillir les touristes les plus aisés dans un hôtel cinq étoiles. L’opulence des richesses fait ici contraste avec la pauvreté de la venta voisine. Deux mondes se côtoient, séparés par la route courbée et déserte, sans jamais se mélanger.
A quelques kilomètres de là, Pepe Murube élève ses taureaux sur les terres de la Cobatilla. En 1970, le père de l’actuel propriétaire décide de fonder sa ganadería en rachetant à la famille Urquijo l’élevage que la famille Murube avait créé en 1851. Indissociables, ces deux familles ont su créer puis maintenir un encaste qui connut ses heures de gloire dans les années 1960. Si les taureaux murubeños sont aujourd’hui lidiés lors de corridas à cheval, Pepe Murube ne cache pas son plaisir lorsque les figuras expriment l’essence du taureau de la Cobatilla.
Dans son jardin de terre, une fois blanche, d’autres fois ocre, Pepe Murube cultive avec pacience un encaste attachant, autant par sa douceur que par l’harmonie de sa morphologie. Crise oblige, quelques vaches seront prochainement évincées du troupeau, ceci permettant par ailleurs de ne conserver que la fine fleur de l’élevage mère.
Quelques jours avant l’indulto sévillan, Pepe invite Jose Mari Manzanares à tienter chez lui. Morante, dont une des propriétés est voisine à la Cobatilla, prévient Jose Mari qu’il viendra lui aussi toréer avec lui. À l’heure du tentadero, aucune trace de Morante. Le ganadero et Jose Mari Manzanares attendent le torero de la puebla… qui n’arrive jamais. L’un et l’autre prennent alors la décision de toréer deux vaches, espérant voir arriver Morante. Après avoir toréé les deux vaches, le ganadero sort une troisième vache, destinée à Morante de la Puebla. Le tentadero terminé, ganadero et torero se dirigent en voiture vers la sortie de la finca en parcourant le long chemin de gravier qui mène jusqu’à l’entrée de la Cobatilla. Là, au pied d’un arbre, ils découvrent Morante. Assis, il s’était arrêté observer le coucher de soleil.

De la profondeur de champ, de la profondeur du chant

Ombre et lumière, deux curieuses amies follement ennemies. Elle se rejettent et se côtoient, de jour et de nuit, rompant les frontières et les dispositions, joignant des espaces en conflit, installant un flux merveilleux entre des éléments hétérogènes. Le soleil commande, il transporte et met à la portée de tous ce qui d’un instant à l’autre est prêt à s’échapper. Il est en quelque sorte cette lumière divine qui éclaire notre Éden, depuis lequel nous tentons d’accéder à cette source puissante et imprévisible qu’est le soleil.
Nous évoquons souvent la présence de trois actants lors d’une corrida de taureaux. Taureau, torero et public sont indispensables pour que le spectacle ait sens. Nous oublions pourtant l’élément essentiel, horloge naturelle, metteur en scène incontrôlable et incroyablement fou : le Soleil. Si l’on s’éloigne dès à présent des topiques et de l’opposition typique « Sol y sombra », nous pouvons comprendre que le soleil apporte une profondeur de champ à la scène perçue par le spectateur. Il met en valeur certains éléments de manière aléatoire et il en cache d’autres. Il est en quelque sorte le moteur du spectacle, ce foyer qui crépite puis s’endort lentement au sein de l’oeuvre d’Art.
Il est un instant où deux forces cohabitent et luttent à bras le corps, avec la douceur et la force d’un taureau brave s’enroulant autour de la silhouette svelte du matador avec cadence et joie. À ce moment précis, ombres et lumière partagent un espace restreint et diffusent un mystère poignant, profond tel un cante hondo flamenco ou l’envol lyrique d’un violoncelle interprétant une suite de Bach. À la seconde suivante, mon doigt se lève et se dirige vers le bouton argenté. Un frémissement inonde mon être, mon doigt presse le bouton et grave pour l’éternité ce précieux instant.